En los últimos años, México ha experimentado una evolución significativa en el sector agrícola. Frente a desafíos como el cambio climático, la degradación del suelo y la necesidad urgente de sistemas alimentarios sostenibles, ha surgido una nueva visión: la agricultura regenerativa. Este enfoque no solo responde a las demandas de producción, sino que también prioriza la restauración y protección del medio ambiente.
A medida que el país avanza en esta dirección, la adopción de herramientas tecnológicas se ha vuelto crucial. En un país con una rica diversidad de ecosistemas y un sector agrícola vital para la economía, medir y reducir la huella de carbono se ha convertido en algo indispensable. La implementación de prácticas agrícolas sostenibles no solo contribuye a la salud del planeta, sino que también fortalece la competitividad de los agricultores mexicanos en el mercado global.
Una de las herramientas clave para los agricultores y sectores industriales comprometidos con prácticas sostenibles son los bonos de carbono, que juegan un papel importante en este contexto. Estos bonos representan certificados que acreditan la reducción de una tonelada de CO₂ o gases equivalentes mediante proyectos sostenibles. Tanto los agricultores como las industrias pueden generar estos bonos al adoptar prácticas que reducen las emisiones o capturan carbono, y luego venderlos en mercados de carbono. Esto no solo ayuda a compensar las emisiones de otras entidades, sino que también ofrece una fuente de ingresos adicionales y apoya la transición hacia una economía y una agricultura más sostenibles.
¿Qué es un bono de Carbono?
Los bonos de carbono son certificados que representan la reducción de una tonelada de dióxido de carbono (CO₂) o gases equivalentes. Funcionan mediante la generación de créditos por proyectos que reducen o capturan emisiones, los cuales se verifican y certifican. Estos bonos se pueden comprar y vender en mercados internacionales para compensar emisiones.
El sistema de límites máximos y comercio (cap-and-trade) es el método predominante para asignar un precio a las emisiones de CO₂, adoptado por países como EE.UU., Canadá, México, China, Nueva Zelanda, Reino Unido y la UE, entre otros. En este modelo, un regulador fija un límite máximo de emisiones, y las empresas compran y venden permisos de emisión según la demanda del mercado de bonos de carbono. A medida que el límite se reduce progresivamente, se vuelve más desafiante para las empresas mantenerse por debajo del umbral, incentivando así la reducción de su huella ambiental. Las empresas pueden obtener beneficios al vender permisos no utilizados a otras, lo que refuerza su motivación para reducir las emisiones y facilita el cumplimiento de los objetivos de reducción de CO₂.
En México, los bonos de carbono se regulan bajo el sistema del Registro Nacional de Emisiones (RENE) y el Mercado de Carbono de México. Empresas y proyectos pueden generar bonos mediante actividades certificadas, como reforestación y energías renovables, y venderlos para cumplir con objetivos de reducción de emisiones o participar en mecanismos internacionales de compensación.
En México, los bonos de carbono son un mecanismo clave dentro de las políticas para combatir el cambio climático y promover la sostenibilidad. A través de estos bonos, se busca incentivar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero tanto en el sector agrícola como en otros sectores industriales.
Para que los bonos de carbono sean válidos, deben ser certificados por organismos acreditados que verifican la reducción real de emisiones. En México, entidades como el Instituto Mexicano de Normalización y Certificación (IMNC) participan en este proceso.
La Ley General de Cambio Climático (LGCC), promulgada en 2012, es la principal legislación que regula las políticas de cambio climático en México. Esta ley establece metas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y promueve el uso de bonos de carbono como una herramienta para alcanzar esas metas. Además, impulsa la participación de México en mecanismos internacionales como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kioto.
El Protocolo de Kioto, implementado en 1997, fue un acuerdo internacional que comprometió a los países a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero mediante la emisión de bonos de carbono. En 2015, el Acuerdo de París sucedió al Protocolo, estableciendo normas de emisión y promoviendo el comercio de derechos de emisión, con el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2°C para finales del siglo XXI.
“México se comprometió a reducir un 22% sus emisiones a la atmósfera para 2030. Los proyectos de bonos de carbono en México aparecieron en 2012 con la Ley General de Cambio Climático. El límite máximo de los bonos de carbono en México es de 100.000 toneladas de CO2 emitido.”
Los bonos de carbono se dividen en dos tipos principales:
- Certificados de Reducción de Emisiones (CER): Emitidos y supervisados por fondos institucionales, estos bonos están vinculados al cumplimiento del Protocolo de Kioto y se utilizan para compensar el impacto ambiental de proyectos como centrales eléctricas.
- Reducción Voluntaria de Emisiones (VER): Se negocian en mercados voluntarios sin regulación de terceros y no tienen un estatus oficial como los CER.
Obtención de Bonos de Carbono
Existen dos mercados para comprar y vender créditos de carbono:
- Mercados de cumplimiento: Regulados por gobiernos o entidades supranacionales, como el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión (ETS) de la UE, están dirigidos a grandes emisores de gases de efecto invernadero.
- Mercados voluntarios: Permiten la participación de individuos, empresas y organizaciones que desean compensar su huella de carbono sin estar sujetos a regulaciones gubernamentales.
Cálculo y Verificación de Bonos de Carbono
El cálculo se realiza comparando las emisiones del proyecto con un escenario de referencia. La diferencia entre las emisiones de referencia y las del proyecto determina los bonos de carbono generados.
La verificación ha mejorado con nuevas normas establecidas en la Conferencia sobre el Cambio Climático de Glasgow y la verificación por un tercero independiente como: Verra (Verified Carbon Standard), Winrock (American Carbon Registry) y la Gold Standard Foundation, asegurando mayor precisión en la validación de las reducciones de emisiones.
Ventajas y Desventajas de los Bonos de Carbono
Los bonos ofrecen varias ventajas. Incentivan a empresas y agricultores a reducir sus emisiones, lo que puede promover la sostenibilidad global e impulsar la inversión en innovación para la reducción de emisiones. Además, permiten a quienes encuentran difícil disminuir sus emisiones comprar bonos a aquellos que logran reducciones de manera más económica, facilitando la colaboración entre sectores e internacionalmente en la lucha contra el cambio climático.
Sin embargo, el sistema también tiene desventajas. Empresas con mayor capacidad económica pueden comprar bonos para seguir emitiendo gases sin adoptar prácticas más sostenibles, lo que plantea cuestiones éticas y dudas sobre la efectividad de neutralizar emisiones solo mediante la compra de bonos.
Bonos de Carbono en Prácticas Sostenibles:
La tecnología de EOSDA facilita la verificación de bonos de carbono. Su enfoque combina modelos de carbono orgánico del suelo (SOC) con tecnología satelital para analizar y calcular con precisión el almacenamiento de carbono en suelos. Estos modelos, ajustados a diversas condiciones geográficas y climáticas, permiten recopilar datos precisos sobre el secuestro de carbono, reduciendo costos de muestreo y anticipando beneficios económicos de prácticas sostenibles. Además, la plataforma EOSDA Crop Monitoring ayuda a supervisar la aplicación de estas prácticas en tierras agrícolas, optimizando la validación de los bonos de carbono.
Actualmente, gobiernos y empresas buscan reducir sus emisiones de GEI y monetizarlas mediante bonos de carbono. Sin embargo, en 2023, el mercado voluntario enfrentó desafíos debido a la publicidad negativa y un clima macroeconómico adverso. Nuevas regulaciones y esfuerzos por parte de organismos como la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de EE.UU., buscan restaurar la confianza en estos instrumentos. Si estas iniciativas prosperan, los bonos de carbono serán esenciales en la descarbonización empresarial, con la demanda proyectada en hasta 1,400 millones de créditos anuales para 2030.
En México, este mercado también está creciendo, pero enfrenta retos similares, lo que subraya la necesidad de soluciones confiables y eficientes para adquirir y verificar bonos. Las empresas están enfocándose más en la calidad que en la cantidad, buscando credibilidad y un impacto real en la sostenibilidad, un proceso en el que México también está avanzando.
Referencias:
Paz Pellat, Fernando, Argumedo Espinoza, Jesús, Cruz Gaistardo, Carlos O., Etchevers B., Jorge D., & de Jong, Ben. (2016). Distribución espacial y temporal del carbono orgánico del suelo en los ecosistemas terrestres de México. Terra Latinoamericana, 34(3), 289-310. Recuperado en 29 de agosto de 2024, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-57792016000300289&lng=es&tlng=es.
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). https://www.gob.mx/semarnat
CRUZ, ETCHEVERS Y GALLARDO. ATLAS NACIONAL DE MÉXICO 2022 (VERSIÓN PRELIMINAR). INSTITUTO DE GEOGRAFÍA. UNAM
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. (2012). Ley General de Cambio Climático. México: Diario Oficial de la Federación. Recuperado de http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGCC_130723.pdf
https://greentology.life/2022/03/01/metaregistro-optimiza-el-mercado-de-bonos-de-carbono/
Share:
(As) Arsénico en suelo y agua
Innovación y Sostenibilidad: Calculadoras de Carbono en México