La erosión de suelos es una de las amenazas ambientales y agrícolas más grandes a nivel mundial, y México no es la excepción. Sus desencadenantes dejan a la producción agroalimentaria al descubierto, con efectos centrados en la provisión de alimentos para la población humana. A su vez, la productividad agrícola se ve afectada de manera directa, aunque sus consecuencias superen la pérdida simplemente de terreno cultivable. De hecho, se estima que el 40% de la tierra de cultivo global sufre pérdidas graves debido a los procesos de degradación de suelos, lo que puede llegar al 75% en algunas áreas.
En México, con gran parte de la producción agrícola en manos de pequeños agricultores, las consecuencias de la erosión pueden ser devastadoras. La pérdida de nutrientes y la degradación de las propiedades físicas y biológicas del suelo no solo reduce la capacidad de las plantas para crecer, sino que también incrementa los costos de producción y limita el acceso a la tecnología que podría mejorar la situación. Todo esto agrava la pobreza rural y fomenta la inseguridad alimentaria en el país.
En 2014, había 2,861,092 unidades de producción de temporal, que cubrían el 79.7% de la superficie agrícola del país y ocupaban 4,380,152 hectáreas. De estas, el 70.5% eran unidades menores a 5 hectáreas, dedicadas principalmente a actividades insubsistentes, sin conexiones significativas al mercado. Por otro lado, a nivel nacional se estima que el 16% de las tierras de temporal se ven afectadas por la erosión en diversos grados, entre los que predomina el grado de erosión ligero. Los estados más afectados son Jalisco, Oaxaca, Michoacán y Chihuahua, que presentan características de relieve y clima que influyen significativamente en la intensidad de la erosión.
La erosión del suelo afecta negativamente la calidad del suelo al disminuir el contenido de carbono orgánico y, por lo tanto, la capacidad de retención de agua y la tasa de infiltración. Como resultado, no solo disminuye la productividad agrícola, sino que también incrementa la vulnerabilidad del suelo a eventos hidrometeorológicos extremos, lo que compromete la resiliencia de los sistemas agrícolas.
El estudio de H. Cotler, J. A. Corona y J. M. Galeana-Piza del 2020 estima que la pérdida de 5 cm de suelo puede reducir la producción en un 15%, según los análisis, en áreas con erosión ligera, el rendimiento de maíz disminuye en 0.47 tan / ha mientras que, en áreas con erosión severa, esta cifra alcanza 2.6 ton / ha. Esa es una disminución del 81% en comparación con el rendimiento promedio nacional de 3.2 ton / ha. Además, es una de las razones por las que la erosión se cita constantemente como uno de los problemas por los propios agricultores: citaron la pérdida de fertilidad del suelo como uno de los desafíos experimentados en la década anterior.
Las Unidades de Producción de Agricultura Temporal con Erosión (UPAE) muestran que el 56% de ellas destina sus bienes agrícolas exclusivamente al autoconsumo, mientras que el 44% combina el autoconsumo con la venta de excedentes. Estas unidades se distribuyen en el 41% de los municipios del país, siendo Oaxaca la entidad con el mayor número de UPAE, seguida por Chihuahua y Guerrero. Una parte considerable de la agricultura de temporal destinada al autoconsumo sufre erosión hídrica, lo que afecta la seguridad alimentaria de las comunidades rurales. En contraste, estados como Jalisco, Durango, Sinaloa, Zacatecas y Michoacán enfrentan niveles más altos de erosión en sus áreas agrícolas comerciales.
La calidad del suelo es esencial para la productividad; los suelos degradados limitan la producción y los ingresos familiares, reduciendo así el consumo de nutrientes básicos. Los sistemas de monocultivo, especialmente aquellos que utilizan riego, pueden generar rendimientos hasta 16 veces mayores que los de la agricultura de temporal. Sin embargo, este enfoque también implica un uso intensivo de pesticidas, lo que impacta negativamente la salud pública y contamina el medio ambiente.
Pobreza y Seguridad Alimentaria en México
En México, las tendencias de la pobreza alimentaria han mostrado patrones heterogéneos en las últimas dos décadas, afectando de manera significativa a los productores de maíz y frijol, quienes fueron los principales perdedores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), lo que ha llevado a la descapitalización de pequeñas y medianas familias campesinas. La pobreza alimentaria se concentra en estados como el Estado de México, Veracruz, Puebla y Jalisco.
Además, las Unidades de Producción con Suelos Agrícolas Erosionados (UPAE) se encuentran en 1,013 de los 2,457 municipios del país, afectando a 12.2 millones de personas con carencia alimentaria en 2010, cifra que disminuyó a 10.9 millones en 2015. Sin embargo, estas cifras no implican que todas estas personas habiten en las UPAE, ya que la carencia alimentaria se distribuye en toda la extensión municipal. Los estados con el mayor porcentaje de personas en esta situación son Guerrero (37%), Oaxaca (31%), Michoacán (28%) y Guanajuato (24%). En las UPAE, el acceso a créditos y seguros es muy limitado, lo que dificulta la inversión en prácticas de conservación de suelos.
La degradación del suelo ha reducido la fertilidad y ha empujado a muchas familias a la pobreza, lo que pone de relieve la necesidad de estudiar los factores ambientales y sociales que influyen en esta situación. Esta correlación se presenta principalmente en las regiones centro y sur del país, donde la erosión es baja, con excepción de Guerrero, donde la erosión es moderada. En otros estados, como Chihuahua y Durango, la erosión es alta pero no tiene un impacto notable en la escasez de alimentos, mientras que en Sonora la erosión es mínima pero la escasez de alimentos persiste. Sin una protección adecuada, la erosión puede causar daños irreparables a los suelos, que se ven exacerbados por factores como el acceso limitado a ingresos y financiación externos. En 2007, sólo el 4% de la industria tenía acceso al crédito y la migración de las zonas rurales a las urbanas provocó la retirada de 1,4 millones de equipos.
El vínculo entre la erosión del suelo agrícola y la inseguridad alimentaria en México es innegable, especialmente en estados como Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Jalisco, donde estos problemas son más graves. Este vínculo destaca la necesidad de estrategias agrícolas sostenibles para proteger los suelos, aumentar la productividad y ayudar a reducir la inseguridad alimentaria. También es necesaria una mejor coordinación en la implementación de políticas públicas destinadas a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, centrándose en la protección de los ecosistemas, la producción agrícola responsable y la seguridad alimentaria. Pensar en esta conexión nos impulsa a tomar medidas ahora para garantizar un futuro más justo y sostenible.
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Referencias:
- H. Cotler, J. A. Corona y J. M. Galeana-Piza. (2020). Erosión de suelos y carencia alimentaria en México: una primera aproximación. Investigaciones Geográficas, (101), e59976. doi: 10.14350/rig.59976
- Rodríguez, S. (2023). Se agudiza la erosión de suelos. El Norte. https://www.elnorte.com/se-agudiza-la-erosion-de-suelos/ar2315994
- UNAM Global. (2022). México: 40% del territorio está erosionado. UNAM Global. https://unamglobal.unam.mx/global_revista/mexico-40-del-territorio-erosionado/
- The Hunger Project México. (s/f). Datos de hambre y pobreza. The Hunger Project México. https://thp.org.mx/mas-informacion/datos-de-hambre-y-pobreza/
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