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BIOFUNGICIDAS BASADOS EN RNA Y BIOESTIMULANTES

BIOFUNGICIDAS BASADOS EN RNA Y BIOESTIMULANTES

BIOFUNGICIDAS BASADOS EN RNA Y BIOESTIMULANTES

Introducción

La agricultura moderna enfrenta el desafío de proteger los cultivos frente a enfermedades sin depender exclusivamente de herramientas químicas convencionales. En 2026, ese debate cambió de escala: México anunció el primer registro sanitario mundial de un biofungicida de RNA, con participación de COFEPRIS, SENASICA y SEMARNAT. Por primera vez, la discusión ya no se limita a si el silenciamiento génico puede funcionar, sino a cómo debe integrarse una solución registrada dentro de programas agrícolas eficaces y responsables.

Los biofungicidas basados en ARN buscan interferir de manera específica con determinados genes del organismo patógeno, disminuyendo procesos esenciales para su desarrollo o capacidad de infección. Sin embargo, proteger un cultivo no consiste únicamente en actuar sobre el organismo causante de la enfermedad. La capacidad de la propia planta para responder al ataque, mantener su metabolismo y recuperarse después del estrés también resulta fundamental.

En este punto adquieren especial importancia los bioestimulantes, ya que pueden complementar las estrategias de protección y recuperación al favorecer procesos fisiológicos relacionados con el crecimiento, el metabolismo, la tolerancia al estrés y determinados mecanismos de defensa vegetal.

El registro mexicano no elimina las preguntas sobre estabilidad, exposición, organismos no objetivo o manejo de resistencia. Sí demuestra que un producto concreto pudo avanzar por una evaluación regulatoria y llegar a la etapa comercial. Este artículo analiza la oportunidad agronómica; el segundo documento de la serie aborda las condiciones de bioseguridad y seguimiento que permanecen vigentes después de la autorización.

MÉXICO YA ABRIÓ LA ETAPA COMERCIAL

El anuncio oficial de agosto de 2026 modificó el contexto de la biotecnología agrícola. México informó el primer registro sanitario mundial de un biofungicida de RNA después de una evaluación interinstitucional en la que participaron las autoridades sanitaria, agrícola y ambiental.

La solución fue identificada públicamente como Oifirax, desarrollada por GreenLight Biosciences para el manejo del oídio de la vid causado por Erysiphe necator. Este precedente demuestra que el RNAi puede avanzar desde el diseño molecular hasta un producto comercial autorizado.

El registro no convierte toda formulación de RNA en equivalente ni autoriza usos fuera de etiqueta. Su importancia es más concreta: existe una solución aprobada, existe un expediente evaluado y existe un punto de partida real para estudiar adopción, desempeño, compatibilidad y manejo integrado en México.

¿QUÉ ES EL RNA?

El ARN es un conjunto de moléculas que cumplen diversas funciones relacionadas con la expresión y regulación de la información genética de los seres vivos. En los biofungicidas basados en RNAi, se pueden utilizar moléculas de RNA de doble cadena (dsRNA) diseñadas para activar mecanismos de silenciamiento dirigidos contra genes específicos de los hongos patógenos, disminuyendo su capacidad para crecer, reproducirse o causar enfermedades en los cultivos.

En la agricultura, la interferencia de ARN representa una herramienta biotecnológica innovadora que puede contribuir al desarrollo de métodos de control más específicos. Al dirigirse a determinados genes del patógeno, permite desarrollar estrategias que pueden complementar los métodos convencionales de manejo de enfermedades.

Una de las estrategias que ya ha pasado de la investigación a la aplicación regulada es el silenciamiento génico inducido mediante pulverización (SIGS), mediante el cual determinadas moléculas de RNA pueden aplicarse sobre las plantas para favorecer el silenciamiento de genes del organismo objetivo. El enfoque mantiene el cultivo sin modificación genética y permite diseñar el ingrediente activo alrededor de un blanco molecular definido.

Además, el ARN puede complementar el uso de bioestimulantes. Mientras el ARN puede dirigirse principalmente al patógeno, los bioestimulantes pueden favorecer procesos fisiológicos de la planta, como el crecimiento, el desarrollo, el metabolismo, la actividad antioxidante y la tolerancia frente al estrés.

De esta manera, ambas herramientas podrían formar parte de una estrategia integral: controlar al patógeno y, al mismo tiempo, favorecer la capacidad de la planta para enfrentar y recuperarse del estrés.

Sin embargo, es importante evitar considerar al ARNi como una tecnología automáticamente inocua por el simple hecho de utilizar una molécula presente de manera natural en los organismos. El ARN utilizado en estas aplicaciones puede ser diseñado y producido de manera específica para provocar el silenciamiento de determinados genes, por lo que su evaluación debe considerar tanto su eficacia como sus posibles efectos biológicos fuera del objetivo previsto.

¿QUÉ PROCESOS DESENCADENAN CON EL RNA DESPUÉS DE SU APLICACIÓN?

En la estrategia de silenciamiento génico inducido mediante pulverización (SIGS), el dsARN se aplica sobre la superficie de la planta y debe mantener una estabilidad suficiente para permanecer disponible. Dependiendo del sistema estudiado, el dsARN puede ser absorbido por las células de la planta, por el propio patógeno o participar en procesos de transferencia entre ambos organismos.

Una vez disponible en las células del organismo objetivo, el dsARN puede interactuar con la maquinaria de ARNi y ser procesado para generar moléculas de siARN capaces de reconocer ARN mensajeros complementarios. Estos pequeños ARN pueden asociarse con proteínas Argonaute que regulan la expresión génica y participar en el complejo de silenciamiento inducido por ARN (RISC por sus siglas en ingles), favoreciendo la degradación del RNA mensajero o la inhibición de su expresión.


Figura 1. Biofungicidas de RNA y bioestimulantes dentro de una estrategia integral.

Uno de los principales desafíos de esta tecnología es mantener la estabilidad del ARN después de su aplicación. Factores ambientales como la radiación ultravioleta, la lluvia, la temperatura y la actividad de enzimas capaces de degradar RNA pueden reducir su permanencia y disponibilidad. Por esta razón, actualmente hay investigaciones de diferentes estrategias de formulación y sistemas de liberación que permitan proteger las moléculas de RNA, mejorar su estabilidad y favorecer su llegada al organismo objetivo.

Esta necesidad de estabilidad también introduce una consideración importante desde el punto de vista ambiental. Una molécula que se degrada rápidamente puede presentar una eficacia limitada, mientras que una formulación diseñada para aumentar su estabilidad puede prolongar su permanencia en el ambiente. Por ello, la duración de la actividad del ARN debe evaluarse conjuntamente con su eficacia y con sus posibles efectos sobre organismos que no constituyen el objetivo del tratamiento.

¿CÓMO FUNCIONAN LOS BIOFUNGICIDAS BASADOS EN ARN?

El mecanismo de acción de los biofungicidas basados en ARN se fundamenta principalmente en la interferencia de RNA (ARNi), un proceso natural de silenciamiento génico presente en organismos eucariotas.

En términos generales, una molécula de ARN de doble cadena (dsARN) puede ser procesada por enzimas de la familia Dicer o Dicer-like para generar pequeños RNA interferentes (siARN). Estos pueden asociarse con proteínas Argonaute dentro del complejo de silenciamiento inducido por RNA (RISC), permitiendo reconocer ARN mensajeros (mRNA) complementarios y favorecer su degradación o inhibir su expresión.

Como consecuencia, disminuye la producción de la proteína codificada por el gen objetivo y se altera el proceso biológico en el que participa dicho gen.

En el caso del control de enfermedades fúngicas, la estrategia consiste en diseñar moléculas de dsARN dirigidas contra genes esenciales para la supervivencia, desarrollo, reproducción o virulencia del hongo. Al disminuir la expresión de estos genes, el patógeno puede perder parte de su capacidad para desarrollarse o infectar los tejidos vegetales.

Entre los blancos investigados contra hongos se encuentra CYP51, relacionado con la biosíntesis de esteroles esenciales para la membrana celular. La selección de un gen no debe evaluarse por nombre o función de manera aislada: requiere verificar conservación en la población objetivo, efecto del silenciamiento, ausencia de coincidencias relevantes y desempeño de la formulación.

Esto permite comprender una consideración importante: la especificidad del ARNi es una característica potencial, pero no debe interpretarse como una garantía absoluta de que únicamente se afectará al organismo o gen seleccionado.

La posibilidad de efectos fuera del objetivo, conocidos como off-target effects, debe analizarse mediante estudios bioinformáticos, moleculares y experimentales. También es necesario estudiar qué ocurre cuando las moléculas aplicadas entran en contacto con otros organismos presentes en el agroecosistema y si existen secuencias suficientemente compatibles para producir silenciamiento.

Por ello, el diseño de la secuencia de ARN, la dosis, la formulación, la vía de exposición y la estabilidad ambiental constituyen factores fundamentales para determinar el nivel de especificidad y seguridad de una aplicación basada en ARNi.


Figura 2. Mecanismo de acción del RNAi aplicado al control de hongos.

VENTAJAS POTENCIALES DEL ARNi EN EL MANEJO DE ENFERMEDADES

El desarrollo de biofungicidas basados en RNA presenta varias características que los convierten en una tecnología de interés para la agricultura sostenible.

Alta especificidad potencial. El diseño del dsARN puede dirigirse contra secuencias particulares de un organismo objetivo, lo que abre la posibilidad de desarrollar herramientas con un espectro de acción más reducido. Sin embargo, esta especificidad debe demostrarse experimentalmente y evaluarse frente a organismos no objetivo.

Ausencia de modificación genética de la planta mediante SIGS. Al aplicar directamente el ARN sobre el cultivo, esta estrategia puede evitar la necesidad de generar una planta transgénica para producir el dsARN.

Posibilidad de complementar otras herramientas de manejo. El ARNi no necesariamente debe plantearse como un sustituto absoluto de los fungicidas convencionales. Puede formar parte de programas de manejo integrado de enfermedades, en los que diferentes mecanismos de acción se utilizan de manera estratégica para disminuir la presión de selección que favorece la resistencia.

Potencial para el manejo de resistencia. El ARNi puede incorporarse a estrategias de manejo integrado de enfermedades junto con nuevas moléculas antifúngicas obtenidas mediante minería genómica y herramientas de biología sintética. Esta combinación podría contribuir a diversificar los mecanismos de control y reducir la dependencia de una sola herramienta frente a la evolución de los patógenos.

Posibilidad de reducir el uso de determinados productos convencionales. Si se demuestra una eficacia consistente en campo, las tecnologías basadas en ARN podrían incorporarse a programas que reduzcan la dependencia de determinados fungicidas convencionales. Sin embargo, esta posibilidad debe sustentarse en resultados obtenidos bajo diferentes condiciones agrícolas y no únicamente en estudios de laboratorio o invernadero.


Figura 3. Ventajas potenciales y condiciones de uso de los biofungicidas basados en RNA.

LIMITACIONES Y CONSIDERACIONES DE BIOSEGURIDAD DEL ARNi

A pesar de su potencial, los biofungicidas basados en ARN deben analizarse desde una perspectiva de eficacia, estabilidad y bioseguridad. La aplicación de moléculas de ARN en ambientes abiertos significa que estas pueden entrar en contacto con organismos diferentes del objetivo original.

Una de las principales preocupaciones científicas es la posibilidad de efectos fuera del objetivo. Debido a que diferentes organismos pueden compartir secuencias genéticas similares, una molécula de ARN diseñada contra un gen determinado podría, dependiendo de su secuencia y condiciones de exposición, presentar complementariedad con otros ARN mensajeros. Estudios experimentales con genes CYP51 han demostrado que pueden existir posibles sitios de reconocimiento fuera del gen específicamente seleccionado, lo que demuestra la necesidad de evaluar cuidadosamente estas interacciones.

Esta consideración es especialmente relevante en sistemas agrícolas biodiversos, donde conviven plantas cultivadas, hongos, bacterias, insectos, polinizadores y otros organismos. Por ello, la evaluación de un producto basado en ARN no debería limitarse exclusivamente a demostrar que funciona contra el patógeno objetivo, sino, a la seguridad de la biodiversidad.

También debe estudiarse la persistencia del ARN y su comportamiento después de la aplicación. La degradación por radiación, lluvia y enzimas ambientales puede limitar su actividad, pero las formulaciones desarrolladas para aumentar su estabilidad podrían modificar su permanencia. Por ello, resulta necesario determinar cuánto tiempo permanece biológicamente activo después de su aplicación y bajo qué condiciones.

Asimismo, deben analizarse las posibles vías de exposición de trabajadores agrícolas, comunidades cercanas, organismos benéficos y consumidores. La existencia de incertidumbres científicas no significa necesariamente que un producto sea peligroso, pero sí justifica realizar estudios independientes y específicos de exposición, toxicidad, ecotoxicidad y comportamiento ambiental.

En este contexto, algunos grupos ambientalistas han expresado preocupaciones relacionadas con la utilización de plaguicidas basados en ARN, particularmente respecto a organismos no objetivo, exposición ambiental y suficiencia de los marcos regulatorios. Estas preocupaciones deben diferenciarse de la evidencia experimental disponible y evaluarse mediante estudios científicos reproducibles.

Por tanto, una tecnología basada en ARN no debe considerarse automáticamente “ecológica” únicamente por utilizar ARN como ingrediente activo. Su sostenibilidad debe determinarse considerando todo su ciclo de vida: producción, formulación, aplicación, estabilidad, exposición ambiental, eficacia, efectos sobre organismos no objetivo y comportamiento después de su aplicación.

ARNi COMO PARTE DEL MANEJO INTEGRADO DE ENFERMEDADES

El biofungicida basado en ARN busca actuar principalmente sobre un organismo objetivo mediante el silenciamiento de genes específicos. En cambio, los bioestimulantes están orientados a favorecer diferentes procesos fisiológicos de la planta, relacionados con el crecimiento, desarrollo, metabolismo, aprovechamiento de nutrientes y tolerancia frente a diferentes condiciones de estrés, dependiendo de la naturaleza y composición del producto.

En este sentido, los bioestimulantes de Germen Biotec pueden complementar las estrategias de protección vegetal, ya que sus formulaciones contienen componentes de origen vegetal, como antocianinas, extractos vegetales, compuestos fenólicos y flavonoides, asociados con procesos fisiológicos y mecanismos antioxidantes de las plantas.

Es importante distinguir que un bioestimulante y un agente de control biológico no cumplen necesariamente la misma función. Los bioestimulantes buscan favorecer procesos fisiológicos de la planta, mientras que los microorganismos utilizados como agentes de biocontrol pueden actuar mediante competencia, antibiosis, parasitismo, inducción de respuestas defensivas u otros mecanismos.

Los microorganismos benéficos pueden competir con microorganismos potencialmente perjudiciales por espacio y recursos, además de establecerse en determinados nichos de la planta y favorecer un ambiente biológico menos favorable para el establecimiento de algunos patógenos. En particular, microorganismos como Trichoderma y especies de Bacillus han sido ampliamente estudiados por sus mecanismos de competencia, producción de compuestos antimicrobianos y capacidad de interacción con las plantas.

Por lo tanto, el objetivo no es generar una planta inmune frente a plagas o enfermedades. Una planta tratada con bioestimulantes y microorganismos benéficos puede presentar mejores condiciones fisiológicas y una mayor capacidad de tolerar determinados tipos de estrés, dependiendo del cultivo, producto, dosis y condiciones ambientales.

De esta manera, una estrategia integrada puede plantearse bajo dos líneas de acción complementarias: reducir de manera específica la capacidad del patógeno para desarrollarse mediante tecnologías como el ARNi y, simultáneamente, favorecer el estado fisiológico de la planta y el equilibrio microbiológico mediante bioestimulantes y microorganismos benéficos.

Esta integración también permite incorporar otras herramientas de manejo integrado, como prácticas culturales, monitoreo de enfermedades, control biológico y rotación de mecanismos de acción. El objetivo debe ser reducir la presión de enfermedad mediante diferentes estrategias y no depender de una sola tecnología.

INTERACCIÓN DE BIOFUNGICIDAS DE RNA Y BIOESTIMULANTES

Los biofungicidas basados en ARN y los bioestimulantes pueden trabajar de manera complementaria dentro de una estrategia integral para el manejo de enfermedades en los cultivos.

Mientras los biofungicidas de ARN buscan actuar principalmente sobre el patógeno mediante el silenciamiento de genes específicos relacionados con su crecimiento, reproducción o capacidad de infección, los bioestimulantes actúan principalmente sobre la planta, favoreciendo procesos fisiológicos como el crecimiento, el metabolismo, la actividad antioxidante y la tolerancia frente a diferentes condiciones de estrés.

Al combinar ambas herramientas, se busca reducir la capacidad del patógeno para desarrollarse y, al mismo tiempo, favorecer que la planta conserve mejores condiciones fisiológicas para responder y recuperarse ante el estrés.

Sin embargo, esta interacción no debe interpretarse como una garantía de que los bioestimulantes aumentarán automáticamente la eficacia del ARNi. La compatibilidad y el efecto conjunto deben comprobarse experimentalmente, ya que factores como el pH de la mezcla, la formulación, la estabilidad del dsARN, el momento de aplicación y las condiciones ambientales pueden modificar el resultado.

Por esta razón, la combinación de ARNi y bioestimulantes debe plantearse como una hipótesis de manejo integrado con potencial, cuya eficacia deberá validarse para cada cultivo, patógeno, producto y condición de producción.


Figura 4. Funciones complementarias del biofungicida de RNA y del bioestimulante.

CONCLUSIÓN

Los biofungicidas basados en RNA ya no pertenecen exclusivamente al terreno experimental. El registro anunciado en México confirma que esta plataforma puede convertirse en una herramienta comercial de protección vegetal para un cultivo, un patógeno, una formulación y unas condiciones de uso determinadas.

El avance es significativo porque introduce un modo de acción diseñado desde la secuencia y abre una ruta para diversificar el manejo de enfermedades. Su valor no reside en sustituir automáticamente todos los fungicidas, sino en aportar precisión y una alternativa adicional dentro de programas integrados.

Los bioestimulantes cumplen otra función. Pueden favorecer procesos fisiológicos, nutricionales y de respuesta al estrés de la planta, pero no deben presentarse como si compartieran el blanco fungicida ni como potenciadores automáticos del RNAi. La complementariedad debe demostrarse con tratamientos separados, combinación, controles y criterios agronómicos definidos.

En agosto de 2026, el Gobierno de México comunicó el primer registro sanitario mundial de un biofungicida de RNA. La información pública identifica la solución comercial de GreenLight Biosciences para el control del oídio de la vid causado por Erysiphe necator. El hecho regulatorio coloca a México como primer mercado de esta categoría y como posible plataforma de manufactura biotecnológica.

A partir de este registro, la pregunta útil ya no es si existe una solución, sino cómo se desempeña bajo condiciones productivas, cómo se integra a programas de manejo, qué variables deben monitorearse y qué límites establece la etiqueta autorizada. La evaluación posterior al registro debe producir datos de eficacia, compatibilidad, costo, resistencia y comportamiento ambiental.

La integración de RNAi, bioestimulantes, microorganismos benéficos, control biológico, prácticas culturales y monitoreo puede ofrecer un enfoque más completo. Cada componente debe conservar una función definida y una evidencia propia; la suma de herramientas no equivale por sí misma a sinergia.

Germen Biotecnología puede convertir esta oportunidad en protocolos demostrativos por cultivo y patógeno, comparando el biofungicida de RNA, el bioestimulante y su integración temporal o en mezcla cuando la etiqueta lo permita. El objetivo es generar recomendaciones trazables, técnicamente defendibles y económicamente útiles para productores y distribuidores.

Referencias

Fuentes científicas, regulatorias e institucionales empleadas para la revisión. Las comunicaciones de empresa se identifican como tales y no sustituyen la etiqueta ni el registro sanitario.

 

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